Dios padre sus
miles de mundos
mece sin ruido.
Sintiendo su mano en la sombra
mezo a mi niño.
(Gabriela Mistral, “Meciendo,” p. 215)
“Meciendo” por
Gabriela Mistral describe el amor y el poder de las madres. La acción de una
madre meciendo a su niño está comparada al mar con las olas, al viento y a los
movimientos del cielo. La madre tiene poder similar a las fuerzas de
la naturaleza. Tiene gran importancia para el mundo porque las madres
cuidan a la humanidad.
Podemos ver el
énfasis en el papel de la mujer a través de la historia como con Eva, la
primera mujer; María, la madre de Jesús y la figura de la Madre Naturaleza. Sin madres como Eva y María los planes de Dios no serían posibles.
Los programas de Dios dependen en las familias de las cuales las madres son
partes integrales. Eva posibilitó la caída que permitía la empieza
de la vida mortal. María trajo Cristo al mundo que expío todos nuestros
pecados. No hablamos de un Padre Naturaleza porque son las madres que tienen el poder de
crear vida.
Me interesa que
Mistral crea que Dios tiene miles de mundos porque esta creencia no es muy
común. Me gusta como ella reconoce la mano de Dios en nuestras vidas. Todos de
nosotros estamos en los brazos de Dios como un bebé está en los brazos de su
madre. Dios cuida a sus creaciones como una madre. Su amor para cada de
nosotros también es similar a la manera que las madres sienten de sus niños.
Este poema recordarme de una canción del campo de los Estados Unidos que describa como una madre mece a su niño. El cantante pregunta a su mamá que ella se mece como “el viento y la lluvia.” Es como una nana que evoca el sentimiento de tranquilo que resulta cuando una mamá mece a su niño.