“La miré a través
del vaso, mientras tomaba el primer sorbo, y pensé que qué mayores nos habíamos
hecho y qué inmaduros continuábamos. La nuestra fue una generación de
indeseables que habrán de sufrir quienes nos sigan. ¡Qué distancia insalvable
entre lo que quisimos ser y lo que éramos! Lo grave, con todo, es que no
carecimos de inteligencia, pero nos sobró orgullo o pereza.” (Juan José Millas,
Papel Mojado, p. 124)
En esta cita,
Manolo reflecta en las vidas de él y Teresa, pensando en cómo aunque los dos
son mayores, realmente no han cambiado mucho. Todavía son “inmaduros.” Teresa
parece tener un problema con el alcohol y depresión o algo. Manolo parece un
poco loco y está tratando ser buen detective pero no tiene éxito con esto. Como
nos enseña estas palabras, el orgullo y la pereza a veces pueden impedirnos de
cumplir un propósito en nuestras vidas.
Esta cita me
recuerda de algo que dijo una de mis amigas. Ella dijo que se sentía como una
chica de trece años atrapada en un cuerpo viejo. Otra amiga y yo decimos que
nos sentíamos el mismo mientras otra amiga estaba muy sorprendida, diciendo que
se sentía mucho más maduro y mayor que cuando era una adolescente (porque era
autosuficiente y una estudiante de la universidad.) Esta discusión me puso
pensar en lo qué nos hace sentir adultos. Para algunos, puede ser sus primeros
trabajos. En la cultura de los Santos de los Últimos Días, pienso que muchos
chicos se sienten que maduran en sus misiones. Sin embargo, algunos pueden sentirse
que nunca verdaderamente crezcan (como niños perdidos para siempre.)
Creo que una de
los problemas de Manolo es no progresar. Aunque él trata de volverse un héroe
detective como en los libros de misterio o películas de film noir, todavía
tiene la misma personalidad. Teresa se dejó porque era “un hombre sin sorpresas
(p. 16)” y esto parece más o menos el caso para la novela entera. Manolo hace
todas las cosas que él cree son necesarias para el detective como interrogar
Carolina y Teresa para datos o pistas para aclarar el muerto de Luis Mary.
También, consulta con Inspector Cárdenas y siempre quiere ser conocido por el
nombre “profesional” de Manolo G. Urbina. Desafortunadamente, toma más que acciones
rutinas para ser detective. Similarmente, si queremos ser santos verdaderas,
necesitamos creer y vivir el evangelio, no sólo hace las cosas que estamos
enseñados a ciegas.


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